Durante años viví intentando ser “la mujer perfecta”: fuerte, amable, resolutiva, disponible. Por fuera parecía que todo estaba bien… pero por dentro estaba agotada, vacía y harta de sostener una vida que no sentía como mía.
Evitaba el conflicto, pero el precio fue alto: vivir desconectada de mí, de lo que sentía, y de mi voz.
Hasta que entendí algo que lo cambió todo:
No hablar puede evitar una discusión hoy, pero te rompe por dentro mañana.
Pedir ayuda fue el primer paso. Aprender a comunicarme con amor, con claridad y sin culpa fue el siguiente. Y ahí empezó mi verdadera transformación.
Hoy acompaño a mujeres que están donde yo estuve:
hartas de callar, de complacer, de discutir, de sentirse invisibles.
Mujeres que quieren volver a sentirse seguras, tranquilas y escuchadas.
Porque cuando cambias tu forma de comunicarte, cambia todo: tu energía, tus relaciones y tu vida.
No naciste para callar. Naciste para hablar con claridad, respeto y poder.
Cada cierto tiempo envío un correo con reflexiones, herramientas prácticas, inspiración y novedades sobre talleres o acompañamientos.